« Itzuli albistegira

La pieza del mes

2018-02-02  ¦  Marina

Manuales, estatutos y memorias de Alfa

La pieza del mes

La pieza del mes de febrero es más que una pieza; es un conjunto de libros de Alfa. Gracias a ellos sabemos cuáles eran las condiciones laborales de sus trabajadores, así como sus derechos, privilegios y obligaciones entre la década de los 40 y los 60. Pero empecemos por el principio, ¿cómo y por qué surgió Alfa? He aquí una breve historia sobre una de las más grandes empresas de Eibar.

En 1920, un grupo de trabajadores armeros se juntó para formar una cooperativa, la “Sociedad Anónima Cooperativa de Producción de Armas de Fuego Alfa, con un capital de 300.000 pesetas. El primer taller estuvo en la calle Vista Alegre, y aunque comenzaron su andadura fabricando revólveres tipo Smith & Wesson, “esmitzak”, y debido a las circunstancias del final de la Primera Guerra Mundial, pronto tomaron la decisión de fabricar y vender máquinas de coser. Esta apuesta por las máquinas de coser no fue un mero capricho: su fabricación era compatible con el tipo de maquinaria de la que disponían y con la formación de los trabajadores. Ya entonces Alfa había cambiado de localización y estaba en el paseo San Andrés.

En 1927 hicieron 1.750 máquinas; en 1935, en cambio, 12.000, llegando a ser pioneros en toda España. Entre trabajadores y repartidores, de Alfa llegaron a vivir más de 1.000 familias.

En 1946 comenzaron a vender al extranjero, y para la década de los 60 ya tenía su propia red de mercado: sucursales de venta, representantes y agencias en todas las capitales. Exportaba a más de 70 países, sobre todo a Inglaterra, Francia y México, donde también tenían una fábrica. Además de ser la fábrica más grande de EIbar, también era el que tenía más nombre y fama. De hecho, parecía que los trabajadores de Alfa tuvieran un estatus diferentes, privilegiado. Durante décadas no olvidaron su cometido, ni su razón de ser, como cooperativa creada para dar servicio a la sociedad. Los trabajadores de Alfa, tal y como se puede comprobar en estos libretos, tenían más ventajas que los trabajadores de cualquier otra empresa: ayudas económicas para la jubilación, en caso de enfermedad, para las viudas y para comprar medicinas, entre otros. Además, construyeron viviendas para los que trabajaban allí; crearon escuelas y colonias de verano para sus hijos; y pusieron comedores, economatos y bibliotecas para los obreros y personal de oficina.

Entre algunas de las curiosidades que hemos descubierto leyendo estos documentos, destacamos las siguientes:

  • Las normas para los asegurados establecen los pasos a seguir en caso de baja por enfermedad.
  • En la lista de médicos especializados, se especifica que Dermatología es el servicio que trata las enfermedades de la piel; y al servicio de Endocrinología se le denomina “Nutrición y Secreciones- Internas”. Además, existía un consultorio de pediatría para los hijos de los trabajadores en la Avenida del Generalísimo.
  • En caso de baja por enfermedad, los trabajadores tenían derecho a cobrar como máximo, y hasta 6 meses, el 37% de su sueldo, pero estaban sujetos, entro otros, a las siguientes condiciones: “No entrar en ningún establecimiento público y muy específicamente en los de comidas y bebidas” y “Retirarse a su domicilio antes de las 9 de la noche en verano y de las 6 de la tarde en invierno.”
  • El trabajador de Alfa, o su mujer, recibía una ayuda económica de 500 pesetas (3€) por casarse y por cada hijo que nacía. En caso de viudedad y orfandad, la ayuda recibida ascendía como máximo a 1.000 pesetas (6€), además de la pensión mensual, que se cobraba según el número de hijos (por 5 o más hijos el 90 % del sueldo).
  • El trabajador que se jubilaba tras 20 años de servicio, tenía derecho a recibir como pensión el 70 % de su sueldo; si llegaba a los 35, en cambio, cobraba el 85 %.
  • La biblioteca permanecía abierta de 6:30 a 19:30. Por cada libro que se cogía había que abonar 0,50 pesetas (0,003€), y en caso de perder el aval que se daba, la multa ascendía a 2 pesetas (0,012€). El trabajador podía tomar prestados a la vez un libro de “lectura amena” y otro relativo al trabajo, pero nunca dos libros para el disfrute.

Consulta los documentos aquí

No desaprovechéis esta oportunidad de conocer de primera mano esta pequeña colección de manuales y estatutos del museo.