Eibar, ciudad taller

A comienzos del s. XX, la actividad industrial eibarresa era frenética. Tras los avances e innovaciones técnicas de las armas, que dieron lugar a la aparición de las primeras pistolas semiautomáticas a finales del s. XIX y su consolidación en el XX y las condiciones ventajosas de la Legislación sobre Patentes Española, que garantizaba la protección del producto patentado durante tres años, pero permitía su libre disposición, si en ese plazo no había sido fabricado, los armeros vascos optaron por imitar exteriormente las armas extranjeras que contaban con éxito comercial.

A principios del siglo XX la industria armera vasca se caracterizaba por la preponderancia que las armas cortas tenían en el conjunto del sector. Desde el final de la última guerra carlista el Estado dejó de acudir a la industria vasca para suministrarse de las armas necesarias para sus ejércitos. Ante la inexistencia de ese mercado, los fabricantes eibarreses fueron sustituyendo la fabricación de armas de uso militar, sin salida en el mercado civil, por las denominadas armas comerciales, es decir, armas de caza y revólveres y pistolas para la defensa personal, algunas de las cuales se muestran en esta sala junto a documentos, dibujos y una memoria descriptiva sobre la mejora del sistema de vaciado de cartuchos para escopetas de caza, entre otros.

Los armeros eibarreses desarrollaron modelos y patentes de armas extrajeras, adaptando y mejorando muchas de ellas. Prueba de ello son algunas de las piezas que se presentan en esta sala como la Victoria, primera pistola tipo Eibar, un arma sencilla basada en los primeros modelos fabricados por la FN con patente Browning. Otro ejemplo de la estrategia eibarresa encontramos en la pistola semiautomática Mauser cuyo sistema fue mejorado y convertido en automático.

Estos momentos de máximo esplendor fabril fueron alternándose con otros de crisis, como la del verano de 1914, cuando el inicio de la Primera Guerra Mundial llevó a la industria armera a su total paralización, debida a la prohibición de exportación de armas por parte del Gobierno Español y la negativa de los bancos a conceder créditos y descontar ?letras de cambio?.

La creación de la Escuela de Armería en 1912, el Banco de Pruebas de Armas de Fuego e incluso, una Asociación Patronal Armera, fueron algunos de los esfuerzos de los armeros por potenciar la industria.

El año 1915, en plena Guerra Mundial, llevó a la armería eibarresa a las mayores cotas de producción de su historia. El revólver y la pistola semiautomática demostraron ser muy efectivos en la ?Guerra de trincheras? y los ejércitos contendientes comenzaron a dotar a sus tropas de estas armas.

Eibar respondió a esta demanda fabricando y suministrando a los Ejércitos Aliados grandes cantidades de revólveres y sencillas pistolas semiautomáticas que llegaron a ser conocidas como ?Tipo Eibar? o ?Ruby?, por una de las marcas bajo las que se produjo.

La cantidad total fabricada se estima en 1.446.589 unidades